Cuando aparece la artrosis, es bastante habitual pensar que lo mejor es proteger la articulación y evitar esfuerzos. “Si me duele la rodilla, mejor no cargarla” o “si tengo desgaste, cuanto menos la mueva, mejor”.

Sin embargo, ocurre justo lo contrario de lo que muchas personas piensan: el ejercicio, y especialmente el ejercicio de fuerza, es uno de los grandes aliados para mantener una articulación con artrosis activa y funcional.

La clave está en encontrar el ejercicio adecuado, adaptarlo a cada persona y progresar poco a poco.

¿Qué ocurre cuando tenemos artrosis?

La artrosis es una alteración de la articulación que puede producir dolor, rigidez y pérdida de movilidad. Es especialmente frecuente en zonas como las rodillas, las caderas, las manos o la columna.

Con el tiempo, el dolor puede hacer que nos movamos menos. Y cuando nos movemos menos, nuestros músculos pierden fuerza y capacidad.

Aquí aparece uno de los grandes problemas: una articulación dolorosa nos lleva a movernos menos y, al perder fuerza, cada vez nos cuesta más realizar actividades que antes hacíamos con normalidad.

Por eso, recuperar y mantener la fuerza es tan importante.

¿Por qué es tan beneficioso el ejercicio de fuerza?

Los músculos tienen un papel fundamental a la hora de proteger y dar estabilidad a nuestras articulaciones. Un músculo fuerte es capaz de soportar y gestionar mejor las cargas que recibe nuestro cuerpo durante actividades tan sencillas como caminar, subir escaleras, levantarnos de una silla o cargar la compra.

Por ejemplo, en una persona con artrosis de rodilla, mejorar la fuerza de las piernas puede ayudar a realizar las actividades diarias con mayor facilidad y reducir las limitaciones que provoca el dolor.

Además, el ejercicio de fuerza ayuda a mantener la masa muscular, mejorar la capacidad física y conservar nuestra autonomía a medida que cumplimos años.

Y algo muy importante: tener artrosis no significa que haya que dejar de hacer fuerza.

“Pero si tengo artrosis, ¿no debería evitar cargar peso?”

Esta es una de las dudas más frecuentes.

La respuesta es que la carga no es necesariamente el problema. El problema puede estar en utilizar una carga excesiva, realizar un ejercicio inadecuado o progresar demasiado rápido.

Por eso, el ejercicio debe adaptarse a cada persona: a su edad, condición física, síntomas, experiencia y objetivos.

No se trata de levantar grandes pesos ni de entrenar como un deportista profesional. Se trata de que nuestros músculos reciban un estímulo suficiente para mejorar y que ese estímulo vaya aumentando progresivamente.

Incluso una persona que lleva años sin hacer ejercicio puede comenzar con ejercicios sencillos y adaptados a sus posibilidades.

El objetivo no es solo que duela menos

Aunque reducir el dolor es uno de los objetivos más importantes, los beneficios del ejercicio de fuerza van mucho más allá.

Entrenar de forma regular puede ayudarnos a:

* Mejorar la fuerza y la capacidad muscular.
* Mantener la movilidad y la función de las articulaciones.
* Realizar las actividades cotidianas con mayor facilidad.
* Mejorar el equilibrio y reducir el riesgo de caídas.
* Mantener la masa muscular.
* Mejorar la condición física general.
* Aumentar la confianza para movernos y utilizar nuestro cuerpo.

Y probablemente uno de los beneficios más importantes sea recuperar la confianza en el movimiento.

Cuando una persona lleva tiempo con dolor, es fácil empezar a tener miedo de determinados movimientos o esfuerzos. Un programa de ejercicio progresivo permite volver a utilizar el cuerpo con seguridad y comprobar que muchas veces podemos hacer mucho más de lo que pensábamos.

Fuerza, sí; pero bien planteada

El ejercicio de fuerza no consiste simplemente en levantar pesas. Consiste en estimular nuestros músculos de una manera adecuada y progresiva.

En personas con artrosis, esto es especialmente importante. Los ejercicios deben adaptarse a las características de cada persona y pueden modificarse según el dolor, la movilidad y la capacidad física.

Por eso, realizar ejercicio en grupos reducidos y con supervisión profesional puede ser una buena opción para aquellas personas que necesitan orientación y quieren aprender a entrenar de forma segura.

Moverse es parte del tratamiento

La artrosis no debería significar dejar de hacer ejercicio. Al contrario, mantenernos activos y conservar nuestra fuerza es una de las mejores herramientas que tenemos para seguir haciendo aquello que nos gusta y mantener nuestra independencia.

No podemos evitar que pasen los años, pero sí podemos trabajar para que nuestro cuerpo esté preparado para ellos.

Y en ese camino, el ejercicio de fuerza tiene mucho que aportar.